RACE Reflections // Cuerpos en Rebeldía
- Felipe Rodríguez-Mattern
- 4 jul 2024
- 2 Min. de lectura
Actualizado: 11 mar
El desnudo en el arte es, con frecuencia, una afrenta calculada. No siempre se trata de una exaltación de la forma humana ni de un mero ejercicio estético; muchas veces, la piel expuesta se convierte en un manifiesto, en un grito visual que desafía normas, incomoda y denuncia. Su impacto radica en la paradoja misma de la sociedad contemporánea: un mundo que se presume cada vez más abierto, pero que reacciona con escándalo ante la desnudez cuando ésta no está contenida dentro de los márgenes aceptados—cuando no es deseada, ni fetichizada, ni consumible.
Serie de fotografías por Felipe Rodríguez - Mattern ©

Para ejemplificar este argumento y adentrarnos en la discusión, tomemos la obra Origine du monde (1866) de Gustave Courbet, la cual se erige como un punto de inflexión en la historia del arte: Origine du monde fue en su momento un golpe frontal contra la hipocresía burguesa, golpe que aún resuena en la actualidad.
El cuadro de Courbet, que representa de manera explícita la vulva de una mujer, es más que un simple estudio anatómico: es un desafío. En pleno siglo XIX, cuando la moral victoriana dictaba el recato como norma, Courbet despojó a su modelo de cualquier velo de idealización. No hay diosas, ninfas ni alegorías edulcoradas en su lienzo; solo un cuerpo crudo, inmediato, casi insolente en su sinceridad. Y fue precisamente esta falta de artificio lo que lo convirtió en un escándalo absoluto. No era la desnudez en sí lo que perturbaba a la sociedad de la época—después de todo, el arte occidental llevaba siglos poblado de cuerpos expuestos—sino el hecho de que Courbet privara a su imagen de cualquier coartada mitológica o moralizante.


Más de un siglo y medio después, el revuelo que sigue causando la obra confirma que la tensión entre libertad y censura permanece intacta. La supuesta apertura de la sociedad moderna convive con una vigilancia permanente sobre el cuerpo, sobre todo el femenino. Se prohíben pezones en redes sociales, se demonizan manifestaciones artísticas que juegan con la exposición corporal, se encasilla la desnudez dentro de límites aceptables dictados por el consumo masivo. En este sentido, Origine du monde no es solo una pintura, sino una piedra angular en la larga tradición del desnudo como resistencia. Su sola existencia sigue incomodando, sigue forzando preguntas sobre qué nos escandaliza y por qué.
El arte ha utilizado el cuerpo desnudo como un escudo de provocación, como un parapeto desde el cual se lanza una queja legítima. En tiempos de sobreexposición digital, donde la sexualidad se monetiza y se regula con arbitrariedad, el desnudo en el arte sigue siendo un acto de desafío. Como Courbet en su época, muchos artistas contemporáneos se apropian de la carne para sacudir conciencias, para señalar la incoherencia de una sociedad que se dice progresista pero que aún se estremece ante la piel sin pretextos.


Quizás ese sea el verdadero poder del desnudo como protesta: no solo exhibe un cuerpo, sino que desnuda también a quien lo observa. Y en esa confrontación, en ese instante de incomodidad o furia, se revela el verdadero rostro de la sociedad.


